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martes, 26 de marzo de 2024

España. Dosier: La SEPI y las empresas públicas del Estado.

España. Dosier: La SEPI y las empresas públicas del Estado

La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) nació en 1995, por Real Decreto Ley 5/1995, de 16 de junio, posteriormente aprobado como Ley 5/1996, de 10 de enero de 1996, de Creación de determinadas Entidades de Derecho Público. Es un instrumento estratégico en la aplicación de la política diseñada por el Gobierno para el sector público empresarial. Su misión es rentabilizar las participaciones empresariales y orientar todas las actuaciones atendiendo al interés público. De esta forma, la gestión de SEPI debe aunar la rentabilidad económica y la rentabilidad social.
Su actividad se ajusta al ordenamiento jurídico privado, pero como está adscrita al Ministerio de Hacienda es una entidad de Derecho Público, de modo que se le aplica parte de la normativa pública: la Ley General Presupuestaria, la Ley de Contratos del Sector Público.
A finales de 2023 el Grupo SEPI tenía 14 empresas participadas de forma directa y mayoritaria, con una plantilla de casi 80.000 personas. También era accionista de la Corporación RTVE, tenía una fundación pública tutelada y participaciones directas minoritarias en 9 empresas e indirectas en más de 100 sociedades.
La SEPI ingresó en 2023 hasta 245 millones de euros por los dividendos de seis empresas cotizadas en Bolsa: Redeia, Airbus, Enagás. Indra, Ebro Foods e IAG. En 2024 ha comenzado a invertir en Telefónica, una empresa estratégica para el Gobierno, mediante la compra de un 3% de las acciones.

FUENTES.
Internet.

Documentales / Vídeos.


Telefónica: El Estado comprará el 10% de su capital y será el primer accionista. RTVE (19-XII-2023). 2:31. [https://www.youtube.com/watch?v=bIo23SfR32U]

Noticias.

Millán, S. El Gobierno anuncia la creación de una empresa tecnológica con la que sopesa entrar en Telefónica. “El País” (27-II-2024). La Sociedad Estatal de Transformación Tecnológica (SETT) movilizará 20.000 millones de euros e integrará los activos de Perte Chip, el fondo NextTech y Hub Digital.

García Ropero, Javier. La SEPI dispara a 245 millones los ingresos por los dividendos de las cotizadas. “El País” (11-III-2024). Se nutre de seis empresas cotizadas en Bolsa: Redeia, Airbus, Enagás. Indra, Ebro Foods e IAG.

Castillo, C.; Gutiérrez, H. El Estado desembarca en el capital de Telefónica. “El País” (26-III-2024). La SEPI inicia las compras. 

lunes, 11 de marzo de 2024

Economía 1. Mundo. La organización económica de la sociedad.

Economía 1. Mundo. La organización económica de la sociedad.

INTRODUCCIÓN.

1. ORGANIZACIÓN ECONÓMICA.
LA ORGANIZACIÓN DE LA EMPRESA CAPITALISTA.
RECURSOS: CAPITAL, MATERIAS, TECNO­LO­GÍA, TRABAJO.
PRODUC­CIÓN.
DISTRIBUCIÓN.
CONSUMO.
CRECIMIENTO ECONÓMICO.
GLOBALIZACIÓN DEL MERCADO.
LOS MERCADOS FINANCIEROS.
Ahorro e inversión.
Bol­sas, ren­ta fija y renta variable.

2. MUNDO DEL TRABAJO.
MERCADO DE TRABAJO: OFERTA Y DEMANDA.
Oferta.
Demanda.
EMPRESARIOS: PATRONALES.
TRABAJADORES: SINDICATOS.
LEGISLACIÓN LABORAL: DERECHOS Y DEBERES.
CONFLICTOS SOCIALES.

3. POLÍTICA ECONÓMICA.
3.1. OBJETIVOS DE PLENO EMPLEO Y CRECI­MIENTO ECONÓMI­CO.
3.2. LAS DOCTRINAS.
NEOLIBERAL.
SOCIALDEMÓCRATA.

4. POLÍTICA MONETARIA.
CONCEPTO.
OBJETIVOS.
ELECCIÓN DE LA POLÍTICA.
MEDIOS.
POLÍTICA )MONETARIA/FISCAL?

5. LA INFLA­CIÓN.
CONCEPTOS.
CAUSAS.
CLASIFICACIÓN.
Inflación de demanda.
Inflación de costes.
Inflación estructural.
Inflación reprimida/abierta.
Inflación con paro.
Estanflación.
TEORÍAS.
EFECTOS.
MEDICIÓN.
REMEDIOS.

6. EL DESEMPLEO.
CONCEPTO.
CAUSAS.
CLASIFICACIÓN.
TEORÍAS.
EFECTOS.
MEDICIÓN.
REMEDIOS.

INTRODUCCIÓN.
Esta UD podría incluir más temas: el funcionamiento del sis­tema econó­mico de libre merca­do en la actualidad, con especial énfa­sis en el mercado laboral y los merca­dos finan­cieros; el sistema econó­mica de planificación cen­trali­zada; los problemas económi­cos de la so­ciedad capi­talista, en espe­cial de la infla­ción y del desem­pleo; las polí­ticas eco­nómi­cas y sus repercu­siones.
Pero me centro en una selección de temas de ­eco­no­mía del sistema capitalista: la organi­zación económica, el trabajo, los proble­mas de la inflación, el desempleo y la polí­tica mone­ta­ria.
Enfoco la UD a estudiantes de ESO, sin explica­ciones demasiado complejas, es­pe­cialmente sobre los con­cep­tos de inflación, desempleo y políti­ca monetaria.
Apunto que la economía y el trabajo son ele­mentos fun­damentales de las Ciencias Sociales de hoy, tras un largo abandono en favor de otras disciplinas. La interdisciplinarie­dad es indispensable, pues sin ella no se pueden abordar en su complejidad la realidad y sus cambios históricos.

1. ORGANIZACIÓN ECONÓMICA.
La organización económica es esencial para que las socie­dades puedan sobrevivir materialmen­te, trenzando unas re­lacio­nes de producción e intercambio de bienes y servicios entre los individuos, familias, grupos sociales y comunidades. Su comple­jidad aumenta año tras año con la globalización de los merca­dos, la creciente división y especialización del trabajo, las innovaciones tecnológicas, la sofisticación financiera, etc.
La economía en Grecia era el conjunto de reglas para el gobierno del patrimonio familiar. La evolución conceptual ha sido enorme desde entonces, a medida que la sociedad ha evolu­cionado desde la economía de subsistencia a la agrícola, la industrial y el modelo actual, globalizado a escala planetaria. Distinguimos en las distintas organizaciones económicas unos elementos básicos:
Organización social y estructura económica. Ambas se rela­cionan. Toda sociedad tiene una organización social, con normas de derecho, instituciones y sistemas de organización social. Su estructura económica depende de múltiples factores: sistemas de organización social, el mayor o menor excedente económico, ri­queza de la natura­leza, desarrollo de la tecnolo­gía.
La propiedad. Comprende la titularidad de los bienes, sean me­dios de producción o bienes de consumo, viviendas o derechos intangibles. Puede ser privada, colectiva o estatal. 
Fiscalidad y distribución del producto. Hay sistemas pro­fundamente desi­guales y sistemas distributivos, con una volun­tad de redistribución de los ingresos.
LA ORGANIZACIÓN DE LA EMPRESA CAPITALISTA.
Aparece en el siglo XIX y se con­soli­da en el siglo XX un nuevo tipo de empresa, que sus­ti­tuye al anti­guo taller artesa­no.
A) Ya no es un taller con unos cuantos artesanos; es una fábrica, con muchos obreros, a veces miles.
B) Los obreros de la fábrica no hacen la pieza completa, como anteriormente el artesano, sino que trabajan con máquinas cada una de las cuales hace una parte de la pieza.
C) El obrero no es dueño de lo que fabrica, porque la pro­ducción de la empresa pertenece al propietario.
D) Para llevar a cabo este proceso hace falta mucho dine­ro, puesto que hay que pagar locales, materias primas, máqui­nas, salarios, impuestos. Hace falta capital; de ahí que el sistema se llame capitalista, y a los empresarios que invierten su dinero, capitalistas. El capitalista es el dueño de la fá­brica, de la maquinaria y de la producción.
Para conseguir la financiación los empresarios tienen tres sistemas: A) Asociarse con otros empresarios y repartirse con ellos los beneficios. B) Acudir al crédito de los bancos, pa­gando dinero por el dinero concedido en préstamo. C) Crear una Sociedad Anónima (SA), con el capital distribuido en acciones que dan derecho a una parte del patrimonio y de los beneficios. Estas acciones son negociables en el mercado mobiliario de la Bolsa, sujeta a altibajos bursátiles según la coyuntura econó­mica general y de la empresa en particular.
 La empresa capitalista está sujeta a los avatares del sistema de producción capitalista, con periódicas crisis por superproducción al saturar el mercado y por la excesiva compe­tencia en el sector correspondiente con lo que los precios ba­jan en exceso y se pierde dinero, por lo que cierran y aumenta el paro y con ello aun se vende menos. Sólo las empresas más compe­titivas pueden sobrevivir en las crisis económicas, faci­litando la concentración empresarial y los monopolios y oligo­polios, más rentables al permitir las economías de escala hori­zontal y vertical.
Por su parte, el Estado ha asumido históricamente muchos papeles distin­tos en la economía: desde el Estado comunista, monopolizador de la vida económica, hasta el Estado neoliberal, que apenas in­terviene.
RECURSOS: CAPITAL, MATERIAS, TECNOLOGÍA.
PRODUC­CIÓN.
Organización del trabajo. Se distingue entre división del trabajo, con reparto de funciones según criterios de sexo, edad o posición social, y especialización del trabajo, con reparto de funciones de acuerdo a la capacidad profesional o laboral. La especialización laboral reduce la autonomía del individuo.
Motivaciones para el trabajo. Hay motivaciones de riqueza, prestigio, competitividad...
DISTRIBUCIÓN.
Intercambio, dinero y comercio. El intercambio de bienes es una constante de las sociedades con excedentes y ha desarro­llado instrumentos de cambio, signos de valor, para sustituir a los bienes mismos (que se pueden intercambiar por trueque). El dinero, el crédito, el ahorro, los mercados financieros...
CONSUMO.
Producción tecnológica y consumo. La tecnología más pobre estimula menos el consumo.
CRECIMIENTO ECONÓMICO.
GLOBALIZACIÓN DEL MERCADO.
LOS MERCADOS FINANCIEROS.
El control del mercado financiero global.
La globalización de los mercados es un fenómeno reciente (de los años 80 y 90). Diariamente se mueven en el mundo 1,3 billones de dólares (2,5 veces el PIB español), con movimientos en su mayoría especulativos y a corto plazo (menos de una sema­na), lo que supera todas las reservas mundiales de divisas e impide parar las fluctuaciones financieras. El futuro es inclu­so de mayor liberalización de los flujos de capitales, pues la OCDE y el FMI la fomentan. El mismo Tratado de Maestricht (art. 73 B) indica que: ‹‹quedan prohibidas todas las restricciones a los movimientos de capitales entre Estados miembros y entre Estados miembros y terceros países››. El problema es si debe haber una liberalización total sin regulación alguna, lo que fomenta la eficacia de los mercados pero incrementa la volati­lidad y el riesgo.
Las soluciones propuestas son tres: 1) un go­bierno finan­ciero supranacional de las relaciones monetarias interna­cionales (un FMI renovado, como sostiene Emilio Ontiveros), 2) controles nacionales (por ejemplo depósito sin interés de divisas a los especu­ladores) y un impuesto sobre las tran­sac­ciones en moneda extranjera (para desincentivar la espe­culación).
Ahorro e inversión.
Bol­sas, ren­ta fija y renta variable.

2. MUNDO DEL TRABAJO.
Según el sociólogo Manuel Castells, en su libro La era de la infor­mación: econo­mía, sociedad y cul­tura (Alianza, 1997), tomo I, La sociedad real, el empleo in­dustrial ha crecido en todo el mundo en los años 1985-1995 en un 72%, por lo que se descarta una crisis de desindus­trializa­ción de la sociedad. El problema, en todo caso, se circunscri­be a Europa Occidental. La sociedad es más capi­ta­lista que nun­ca, porque por primera vez la dinámi­ca producti­va ha llegado a to­dos los rincones del pla­neta, aun­que reparti­da de forma muy desigual. La llamada infor­malización permite la flexibilidad, segmentación y perso­naliza­ción del trabajo, cada vez menos ligado a conceptos como “con­trato” o “duración indefinida”. La crisis de las estructu­ras administra­tivas es de legitimidad. Los Estados se revelan dema­siado pequeños para lo global y demasiado grandes para lo lo­cal.
EMPRESARIOS: PATRONALES.
Los empresarios son la clase social que promueve las em­presas en un sistema de libertad de mercado, con mayor o menor control estatal.
Se organizan en las patronales para la defensa de sus in­tereses colectivos.
TRABAJADORES: SINDICATOS.
Los trabajadores son la clase social que trabaja por cuen­ta ajena o por cuenta propia sin tener trabajadores a su cargo.
Se organizan en sindicatos obreros para la defensa de sus in­te­reses colectivos, que promueven el acuerdo con los empresa­rios, mediante los convenios colectivos de sector o de empresa.
LEGISLACIÓN LABORAL: DERECHOS Y DEBERES.
La legislación laboral, promovida por el Estado, tiene un carácter tuitivo (de protección del sujeto más débil, el traba­jador). Regula los salarios, las condiciones de trabajo, las medidas de higiene y seguridad, las jornadas de trabajo y las vacaciones, el retiro...
CONFLICTOS SOCIALES.
Los conflictos sociales, generalmente en forma de huelga pacífica, pero que pueden adoptar formas más violentas, repre­sentan el “choque controlado” entre los intereses de empresa­rios y trabajadores, que con ellos intentan lograr mayores ven­tajas en el reparto de las plusvalías y en las condiciones de trabajo.
MERCADO DE TRABAJO: OFERTA Y DEMANDA.
El mercado de trabajo puede ser libre (es muy excepcio­nal en los países desa­rrollados pero mayoritario en el Tercer Mun­do), regulado (es el mayoritario en el mundo desarrollado, me­diante las leyes laborales) y el dirigido (propio de los paí­ses socialistas, en realidad no es un mercado de trabajo).
Hay que estudiar la oferta de trabajo por parte de la po­blación en edad laboral y la demanda de trabajo por parte de las empresas. Entre la oferta y la demanda hay unos factores de relación: los convenios colectivos a nivel nacional o regional, el coste salarial, que es diferente para la oferta -retribucio­nes- y para la demanda -retribuciones más cargas sociales-, siendo muy desigual entre los países (en España la Seguridad Social se nutría en los años 90 en un 76% de las cotizaciones empresariales, en Alemania en un 44% y en Dinamarca sólo en un 10%), la legislación laboral, que puede encarecer los despidos (lo que fuerza la permanencia de personas mayores o improductivas, en perjuicio de los jóvenes o los más capaces para trabajar).
Oferta.
En Occidente, la edad de la oferta de trabajo está limita­da por lo gene­ral al periodo de 16-65 años. En los últimos de­cenios se han producido grandes cambios: entrada de la mujer en el mundo laboral, paro juvenil y de trabajadores maduros, inmi­gración de trabajadores del Tercer Mundo... El nivel de vida familiar e individual, la legislación la­boral y social, la pro­tección estatal, las costumbres y los valo­res sociales, influ­yen de modo deter­minante en la oferta de trabajadores.
Efecto renta y efecto sustitución. El efecto renta es cuando una familia tie­ne un nivel de ingresos que considera suficiente, por lo que preferirá tener más tiempo para el ocio y la educa­ción de los hijos, y no traba­jar más. El efecto sus­titución es cuando se incrementan los ingresos por hora traba­jada, lo que disminuye el interés por el ocio (se sustituye el ocio por más trabajo).
Influencia de los impuestos. Se argumenta que cuando au­mentan los impuestos disminuye la oferta de trabajo, pues no vale la pena trabajar para el Estado. Es un criterio a debatir entre liberales y socialdemócratas. Pueden ser impuestos sobre la riqueza (renta y patrimonio) y sobre el trabajo (cuo­tas de la Seguridad So­cial), que son los peores.
El seguro del desempleo. Cuanto más elevado sea el nivel de protección tanto más alto será el nivel de salario necesario para que una persona trabaje.
Demanda.
El trabajo es para las empresas un factor más de produc­ción, como el capital dedicado al local, la maquinaria, las materias primas, la energía, la comercialización...           
Productividad marginal del trabajo. A partir de un mínimo de personal necesario para asegurar la producción, cada nuevo trabajador aumentará la producción de la empresa en cantidades decrecientes. Mientras el incremento de la rentabilidad de la producción sea superior al salario, la empresa tendrá interés en aumentar la plantilla laboral. Se basa en la ley de rendi­miento decrecientes.
Intensividad del capital. Si aumentan los salarios, la empresa tiene dos opciones: despedir empleados o aumentar la productividad mediante la inversión de capital en mejores sis­te­mas de producción, o sea la “intensividad del capital”.

3. POLÍTICA ECONÓMICA.
Los desajustes o fallos en la economía son corregidos por la sociedad, a través de dos instrumentos, tras los que hay dos concepciones distintas de la economía: la política económica (intervención del Estado, sea para regular o para dar libertad) y la libertad del mercado (dejando la economía a las libres fuerzas del mercado, a la ley de la oferta y la demanda).
En la política económica hay dos ten­den­cias extremas:
A La socialdemocracia cree en la capacidad del Estado para regular estrechamente la actividad económica.
A Los neoliberales creen en un papel mínimo del Estado (su ideal es alcanzar la plena libertad del mercado).
A En medio, surgen variadas tendencias de matiz, que consideran que el Estado debe intervenir regulando y fomentando la libertad de empresa, para evitar los excesos que llevasen al mercado a caer bajo el dominio de monopolios. Como dice Lamennais: *Donde hay fuertes y débiles, la libertad oprime y la ley libera+.
Los dos grandes bloques de la política económica son: mo­netaria y fiscal, aunque hay también otros muchos (fomento de sectores, inversiones públicas...).
La política monetaria (que veremos en una ampliación pos­terior) es por sí sola insuficiente para lograr los fines que se persiguen y sus medidas han de ser com­pletadas con otro tipo de medidas de política económica, que influyen en la inflación y el desempleo, como la política fis­cal y la política de pre­cios. Las políticas monetaria y fiscal no son excluyentes, sino que se determinan mutuamente. Un ejem­plo es el efecto crowding-out, desplazamiento en la actividad económica del sector priva­do por el sector público.
La política fiscal hace referencia a los instrumentos re­lacionados con la Hacienda pública, con la elaboración o modi­ficación del Presupuesto, con su estructura de ingresos y gas­tos. Los ingresos y gastos del Estado forman un todo orgánico y coherente que no puede variarse sin afectar a todo el conjunto. Los instrumentos de Hacienda pública afectan al comportamiento de los individuos en su propensión particular al consumo y al ahorro, a la tenencia de liquidez, a la tendencia a invertir, etc.; sobre las empresas influyen en la nacionalidad y forma jurídica que adoptan, las fuentes de energía, materias primas y técnicas que utilizan, en sus prácticas financieras, en sus actividades de investigación, la diversificación de productos, la tendencia a aliarse o fusionarse con otras empresas, etc.
Los principales instrumentos de ingresos y gastos del Es­tado son: 1) Los impuestos. 2) Los instrumentos de gasto públi­co: salarios de funcionarios, inversiones en infraestructuras. 3) Los subsidios y transferencias de capital a las empresas. 4) Las compras de bienes y servicios. 5) Las transferencias al resto del mundo.
3.1. OBJETIVOS DE PLENO EMPLEO Y CRECI­MIENTO ECONÓMI­CO.
3.2. LAS DOCTRINAS.
NEOLIBERAL.
Un caso de neoliberalismo: los EE UU.
Los EE UU, en 1997, presentaban una situación económica flore­ciente, basada en un fuerte ritmo de crecimiento (3-5%), bajos niveles de inflación (2-3%) y paro (5%), una exitosa transición de la era industrial a la de la información. Sus bazas eran un sistema social poco desarrollado, alta flexi­bili­dad laboral y la eficacia de su sis­tema finan­ciero. Un decenio después esta última pata se había quebrado.
Las recetas neoliberales, que se apuntaban un evidente éxito en los años 90 pero que fracasaron en los primeros años del siglo XXI, se resumen en reformas estructurales, muchas sin duda positivas pero otras dudosas: control de la inflación, equilibrio presupues­tario, correcta (no ago­biante) presión fiscal, liberalización comercial (de productos) y fi­nanciera (de movimiento de capita­les), pri­vatización de las empresas públicas, modernización y flexi­bili­zación del mer­cado de trabajo, conten­ción del gasto social (e­ducación, sani­dad, pensiones), lucha contra la corrup­ción, una justicia inde­pen­diente, acuerdo social entre empresa­rios y sindicatos. Los fi­nes son un crecimiento moderado, firme y sostenible, que permi­ta un crecimiento tanto de la producción como del empleo.
La teoría neoliberal apunta que la mayor creación de empleo en EE UU respecto a Europa descansa en su mayor flexibilidad laboral, pero esto olvida que en los 21 últimos años Alemania ya tenido 15 años de menor desempleo que EE UU. Es sólo última­mente que EE UU ha tomado la delantera en la economía global y ha creado más empleo (12 millones de empleos), y para algunos econo­mistas (dos estudios publicados en “American Economic Review” y el National Bureau of Economic Research) la causa prin­cipal de esto no es la fle­xibilidad laboral sino la mayor eficacia de su sis­tema finan­ciero, que aporta más dinero y a me­nor pre­cio a las empre­sas, con lo que estas nacen más fácil­mente y pueden crecer más. Lo mismo expli­caría el auge de Gran Bretaña en los años 90. En contraste, el sistema financie­ro europeo continen­tal es relati­vamente anticuado e ineficiente.
Jürgen Habermas (Problemas de legitimación del capitalismo moderno) asegura que la creciente incapacidad de las economías para sostener el Estado de bienestar genera crisis de legitimi­dad política. James O'Connor (La crisis fiscal del Estado), por contra, argumenta que si para conservar el bienestar los Esta­dos detraen una parte creciente de la inversión ello disminuye la productividad generando, a la postre, graves crisis fiscales que se saldan aumentando impuestos y el malestar de las clases medias. Parece que ambos tienen razón.
SOCIALDEMÓCRATA.
Un ejemplo que resume sus doctrinas es el del economista (luego sería ministro socialista) español Jordi Sevilla, que consideraba muy positivo el plan de empleo del gobierno socia­lista de Jospin en Francia (1997-2002), que pre­tendía crear 350.000 empleos (duran­te cinco años) para jóvenes en 22 profesiones nue­vas, fomentados en un 80% por el Estado. Sevilla defiende que el Estado debe complementar y resolver las ineficiencias del sector privado, sobre todo en los sectores de servicios sociales (asistencia a ancianos, edu­cación especial...). La tesis central es que no hay que caer en la tentación (ideológi­ca) de prefe­rir el paro en el sector privado al empleo en el sector públi­co. Las causas del paro son múltiples y las solu­ciones también deben serlo, sin apriorismos.

4. POLÍTICA MONETARIA.
CONCEPTO.
Es una rama de la política económica, basada en la inter­vención sobre la masa monetaria de la economía.
OBJETIVOS.
El objetivo prioritario en el s. XIX era mantener estable la pari­dad de la moneda, pero en el s. XX ha quedado subordina­do a la idea de que la moneda ha de servir a la economía y no a la in­versa. Pero esto puede parecer todo lo contrario a las opi­nio­nes públicas de la UE, que ven como el objetivo de alcan­zar la moneda única en 1999 está obligando a los Estados y a las auto­ridades monetarias a realizar una política de severo ajuste en control de la inflación, déficit presupuestario y deuda pú­bli­ca, lo que está ralentizando el crecimiento económi­co y au­men­tando el paro (sobre un 11% de la población activa europea). El principal problema de las autoridades monetarias en la actualidad es asegurar la liquidez general de la econo­mía: cuando hay excesiva liquidez se agudiza la tendencia al alza de precios, a la baja de tipos de interés y se produce un exceso de inversión; por contra, cuando hay escasa liquidez se con­traen los precios, suben los tipos de interés y se para la in­versión.
Para conseguir estos ambiciosos fines, se deben alcanzar unos objetivos concretos:
a) Nivel de producción real agregado cercano al nivel de capacidad potencial (no existe paro ni capacidad productiva ociosa).
b) Nivel de precios estable (ausencia de inflación).
c) Crecimiento sostenido de la capacidad de producción.
d) Eficiencia económica.
e) Distribución aceptable de la renta.
f) Equilibrio de la Balanza de Pagos.
ELECCIÓN DE LA POLÍTICA.
Las instituciones monetarias existentes en el país y en especial la regulación del banco central (Banco de España, Ban­co Fede­ral de Alemania, etc.) determinan casi completamente la acción del gobierno en este campo. Las autoridades monetarias eligen los medios o instrumentos más adecuados para lograr aquellos objetivos, influyendo sobre la cantidad de dinero, el volumen de crédito bancario y los tipos de interés.
La política monetaria puede servir para combatir la infla­ción, producir efectos sobre la producción y el empleo a corto plazo, modificar el tipo de cambio (con su efecto sobre la ba­lanza de pagos). No puede servir para acelerar el crecimiento económico a largo plazo.
MEDIOS.
Los instrumentos que utiliza la política monetaria están directamente relacionados con lo que debe ser su función. Los instrumentos monetarios y crediticios más importantes son:
1) Los préstamos que concede o toma el Gobierno del exte­rior o de las unidades de consumo y empresas del interior.
2) La variación de la tasa de redescuento y descuento. Constituye la medida tradicional utilizada para luchar contra los movimientos cíclicos de la economía: un alza en el tipo de descuento provo­ca una disminución del crédito (si bien el in­forme Radcliffe puso en duda su eficacia). Su acción se comple­ta con la varia­ción del tipo de redescuento con la imposición oficial de tipos máximos y facilitando la garantía oficial a ciertos préstamos.
3) Las operaciones de mercado abierto. Su efectividad de­pende del monto de efectos negociables existentes en el mercado y del grado de coherencia con que actúan los organismos oficia­les. En los países anglosajones se ha convertido en el arma esencia de la política monetaria por la rapidez con que actúa y el margen de flexibilidad que permite. Supone la compra-venta de valores (deuda pública) para inyectar o retirar liquidez al mercado financiero.
4) Control directo de la creación de créditos por parte de los bancos mediante la determinación de las reservas obligato­rias, las barreras cuantitativas sobre anticipos, aprobación o no de los préstamos individuales y por último todo tipo de re­comendaciones y persuasiones. El Gobierno dispone también de la posibilidad de un control directo sobre los préstamos concedi­dos a las empresas y autoridades locales, sobre las nuevas emi­siones de las sociedades privadas y sobre las ventas a plazos.
5) La regulación del tipo de cambio de la moneda constitu­ye un instrumento especial muy poderoso, de efectos inmediatos sobre la economía nacional y que posee además un fuerte conte­nido emocional, por lo que su utilización es escasa. Además, una devaluación o una revaluación va siempre acompañada de una serie de medidas complementarias para contrarrestar los efectos perniciosos que pudiera provocar. Forma parte de la política monetaria decidir qué tipo de cambio (fijo o flotante, simple o múltiple) va a adoptar.

5. LA INFLA­CIÓN.
CONCEPTOS.
Inflación.
Hay dos conceptos de inflación, el descriptivo y el de su naturaleza. En el primero la inflación es un crecimiento conti­nuo y sustancial del nivel general de precios de los bienes y servicios en una eco­nomía, que es medido mediante la evolución de un índice de pre­cios. En el segundo es un aumento del stock de dinero o de la renta monetaria.
Hiperinflación es una ex­plo­sión inflacionista, cuando na­die guarda dinero porque pierde su valor enseguida.
Deflac­tor es la relación de los precios con res­pecto a un ni­vel pre­vio de com­paración.
Deflación.
La deflación es una situación de baja generalizada de los precios y de fuerte caída de los ingresos y de la deman­da. Según Keynes es “lo peor”. En la actualidad, desde finales de los años 90 del s. XX es una amenaza latente para el sistema económico mundial, en cada una de las recesiones que se han producido.
Robert Reich (ex-secretario de Trabajo de EE UU con Clin­ton) avisaba de que en 1998 la deflación ya había comenza­do en Occidente, definida por el paro elevado con baja inflación en Europa y América Latina, la crisis del Sureste de Asia, la caí­da del precio del petróleo, etc.:
 *Una espiral deflacionista puede ser tan peli­grosa como una inflacio­naria. La caída de los precios reduce los beneficios, esti­mulando recortes de plan­tilla y sueldos. Como consecuencia los trabaja­dores tienen menos dine­ro para comprar bienes y servicios, lo que alimenta nueva­mente el ciclo econó­mico [negativo]. En contraste con los periodos de fuerte demanda, ca­racteri­zados por bajo paro y sueldos crecien­tes, los pe­riodos de demanda débil llevan a un mayor paro y a un descenso del nivel salarial. Un mayor endeuda­miento, combi­nado con una más alta tasa de paro, puede desenca­denar huelgas, cambios políticos y conflictos sociales violen­tos... La de­fla­ción ya ha comenzado.+[1]
En cambio, Alan Greenspan, largo tiempo presidente de la Reserva Fede­ral de EE UU, opinaba que es una situación de “desinflación” (reducción de la inflación hasta un nivel de estabilidad), gra­cias a la globalización de los mercados; la liberalización de los servicios; la competencia creciente; la modernización de la industria y los servicios (la mayor productividad reduce los precios); la reducción de los precios mundiales de las materias primas, la energía y los productos de consumo (producidos en los países emergentes con mano de obra barata).
CAUSAS.
La inflación puede deberse a varias causas: presión del Estado mediante impuestos y emisión de dinero; mayor presión de la demanda interna; excesivo aumento de la financiación del con­sumo a los particulares; au­mento de los márge­nes comerciales y de beneficios de las empre­sas, sobre todo en sec­tores prote­gidos; salarios más elevados; devaluación de la mo­neda, con lo que los productos extranjeros son más caros; elevación de los precios interna­cionales de bienes de consumo, tecnolo­gía, ma­terias primas y energía, etc.
Fischer la explica por el sobreendeudamiento que acompaña a los periodos de auge. El descenso del precio de los activos que provoca el excesivo endeudamiento se traslada a la producción mediante la reducción de la tasa de inversión, lo que a su vez reduce el empleo y la demanda. Si la situación se agrava y la reducción de la actividad económica alcanza niveles críticos, con quiebra de empresas, elevado nivel de desempleo y escasez creciente de capital, aparece la deflación y la depresión, generalmente a la vez, lo que ocurrió por ejemplo  en la Gran Depresión de los años 30 y, en tono menor, en la crisis de la deuda externa de 1982, el crash bursatil de 1987, la crisis mexicana de 1994 o la crisis argentina de 1999-2002, o la larga crisis japonesa de los años 90.
La solución es aumentar el gasto público y favorecer la productividad, puesto que provoca que los consumidores esperen aumentos de ingresos reales, apuntalando el gasto y mitigando las presiones deflacionistas.
CLASIFICACIÓN.
Los dos grandes tipos de inflación son la inflación de demanda y la de costes, aunque hay varios tipos más.
Inflación de demanda.
Se cree que la si la demanda agregada (consumo, inversión y resultado neto de la balanza comercial) supera la producción, no todo el mundo podrá obtener lo que quiere y ascenderán los precios. La demanda será el factor determinante de la infla­ción. A partir de este consenso difieren los dos grupos de teó­ricos: monetaristas y keynesianos.
Los monetaristas explican el aumento de la demanda por un aumento en la cantidad de dinero (liquidez). Bastaría limitar la liquidez.
Los keynesianos explican el aumento de la demanda por va­rios factores, pues el dinero puede atesorarse como activo (ahorro), lo que no implicaría siempre la inflación. Habría que aumentar la producción.
Inflación de costes.
Se explica por un aumento en los costes: salariales, de energía, financieros, impuestos... Hay dos teorías: la del mark-up y la del “poder negociador”.
La tesis del mark-up (mer­cado abierto perfecto) supone dos enfoques respecto a la masa salarial: una “espiral precios-salarios” (cada uno provoca el au­mento posterior del otro) y una “espiral salarios-salarios” (los aumentos en un sector pro­vocan el aumento posterior en los otros). Pueden haber también las mismas espirales en los beneficios empresariales, por la com­pe­tencia entre empresarios para obtener más beneficios que el aumento de precios o que los otros empresarios.
La tesis del “poder nego­ciador” implica que los sujetos económicos (sindica­tos, empresas) con mayor poder negociador podrán aumentar su participación en la renta. Así, en una so­ciedad de pleno empleo los sindicatos podrían imponer grandes aumentos salariales, por lo que la lógica del sistema capita­lista es que haya un alto paro para así mantener bajos los sa­larios y contener la inflación (“el ejército de reserva”).
Inflación estructural.
Es la inflación propia de los países en desarrollo, sin remedios viables de política económica. Las causas no son mone­tarias, sino estructurales del sistema económico, debido a ri­gideces, proteccionismo y otros factores que impiden la flexi­bilidad en la oferta productiva.
Inflación reprimida/abierta.
Inflación reprimida aparece cuando la demanda global exce­de a la oferta global, pero se impide que aumenten los precios, mediante controles de precios. El exceso de poder adquisitivo distorsiona el mercado, al agotar las empresas sus stocks y al dirigir estas la producción al mercado interno y disminuir la expor­tación.
Inflación abierta es cuando no hay controles de precios, por lo que se acumulan los stocks, cuyo valor es mayor que el dinero que se recibiría por su venta. Los productos esenciales, con contro­les de precios, dejan de producirse y la producción se concentra en los bienes de precios libres, lo que provoca graves problemas sociales.
Inflación con paro.
Según la curva de Philips, hay una relación entre in­fla­ción y paro: aumentar la inflación reduce el paro y vicever­sa. Hay que aplicar políticas mixtas para poder contener ambos pro­blemas de modo simultáneo. En realidad se comprueba que la in­flación sólo produce un empleo inestable.
Estanflación.
El término inglés estagnation, castellanizado como estagflación o estanflación es un fenómeno moderno en Occidente y se acuñó para describir la economía mundial en los años 1970, desde la crisis del petróleo de 1974. Se caracteriza por una inflación con estancamiento y aumento del paro, que a veces desencadena una depresión económica y un paro altísimo. La estanflación aparece en los gráficos como un desplazamiento de la curva de Philips hacia la derecha y hacia arriba.
El economista neoliberal Okun opina que las causas de esta estanflación son la diferencia de naturaleza en los sistemas de precios y salarios. El sistema de precios se orienta por los costes de producción y el sistema de salarios por criterios de equidad en la distribución (no de productividad). Esto implica que siempre haya más aumentos de salarios que la inflación de precios y estimula la “espiral precios-salarios”.
Los remedios no son fáciles. Según el principio del economista holandés Jan Tinbergen, cabe utilizar a la vez los instrumentos de política monetaria y fiscal, para reactivar la demanda agregada sin aumentar la inflación. Porque si sólo se utilizará  una política, monetaria o fiscal, desequilibraría la economía: si se usa la política monetaria facilitando liquidez entonces aumenta la inflación y si se restringe la liquidez luego se estanca la economía y aumenta el paro; si la política fiscal es expansiva aumenta la inflación y si se procura en superávit fiscal entonces se estanca la economía y aumenta el paro. En cambio, usando a la vez los instrumentos de política monetaria y fiscal se puede reactivar la demanda y la producción sin aumentar la inflación, si la monetaria es restrictiva y la fiscal expansiva, que es lo que hicieron en EE UU en el decenio de 1980, con Volcker en la Reserva Federal y Reagan en la Presidencia.
Si no pudieran usarse estos instrumentos, el economista español Luis de Sebastián sugiere utilizar instrumentos de estímulo de la oferta, para aumentar la producción y el consumo reduciendo a la vez la inflación: mejorar la competencia (haciendo cumplir las leyes y abriendo al libre mercado), aumentar la productividad del trabajo (educación, reciclaje profesional, inversión en tecnología), mejora de la red de transportes y telecomunicaciones, inversión en sectores intensivos en mano de obra (construcción de viviendas; mejora de infraestructuras de los servicios de agua, electricidad...), pactos de las administraciones (estatal, autonómica y local) y los sectores económicos (empresarios, sindicatos) para controlar la inflación y salarios...[2]
TEORÍAS.
La diferencia entre inflación de demanda y de costes es obsoleta, pues no se puede diferenciar si es una u otra.
Lo más apropiado es considerar la inflación como un proce­so único, dividido en varias fases en el tiempo: 1) Inflación de demanda. 2) Inflación de costes. 3) Inflación con estanca­miento. Cada fase de inflación se relaciona con una fase del ciclo económico: 1) Expansión. 2) Debilitamiento. 3) Estanca­miento.
EFECTOS.
La mayoría de los países occidentales parecen estar obse­sionados por el control de la inflación. Sus políticas eco­nómi­cas, los mercados bursátiles, las expectativas económicas, gi­ran alrededor de los datos de la inflación. )Cuál es el moti­vo?
Resulta que son gravísimas las consecuencias de una elevada inflación y, sobre todo, que ésta sea más elevada que la del resto de los países del entorno económico y financiero. Tiene efectos sobre: 1) La distribución de la renta y la rique­za. 2) La asignación de los recursos productivos. 3) La producción. 4) El valor de la moneda.
1) La distribución de la renta y la rique­za. La inflación soportada deteriora el poder adquis­tivo de las familias perju­dicando más intensamente a las de niveles de renta más baja, que dedican una proporción de renta mayor al consumo y especialmente a los que perciben rentas fijas con menor capaci­dad de defenderse del alza de precios (parados, pensionistas, pequeños rentistas).
2) La asignación de los recursos productivos. Hay una transferencia de recursos hacia los sectores en los que los sujetos pueden producir bienes más aptos para aumentar los pre­cios, en detrimento de los controlados (que son los más necesa­rios para mantener el bienestar). A largo plazo, la consecuen­cia es que disminuye la producción de los bienes tasados y au­menta su precio en el mercado negro. Otro efecto per­verso sobre los recursos productivos es la pér­dida de competiti­vidad frente a terceros países, debido a la diferencia de crecimiento de inflación entre los países. Si los precios internos crecen más deprisa en España que en el resto de los socios europeos, los productos españoles irán perdiendo competitividad en los merca­dos europeos, mientras que los pro­ductos extranjeros se abaratarán en los mercados españoles. Esta pérdida de competiti­vidad desembocará en un aumento del déficit de la balanza co­mercial, que habrá que financiar con capital extranjero.
3) La producción. Si la inflación aumenta por encima de lo deseable, las autoridades monetarias intentarán controlarla elevando el pre­cio del dinero (los tipos de interés), para cor­tar las expecta­tivas alcistas en los mercados de dinero. La tendencia al alza de los tipos de interés perjudica a la acti­vidad productiva, en especial a la inversión de las empresas, al encarecer la finan­ciación de ésta y de los stocks, lo que hace más difícil la ren­tabi­lidad de los proyectos, encareciendo simultá­neamente la finan­ciación pública (un efecto de retroali­menta­ción).
4) El valor de la moneda. Una inflación creciente y supe­rior a la del resto de los países influye en los mercados de cambio e impide la esta­bilidad de la moneda. La teoría económi­ca ense­ña que las expec­tativas inflacionistas, al provocar ele­vaciones de los tipos de interés, presionan el tipo de cambio de la mo­neda al alza, in­fluyendo en un mayor deterioro de la competiti­vidad.
MEDICIÓN.
Hay tres forma de medición de la inflación.
a) El deflactor del producto interior bruto. Mide todos los bienes y servicios.
b) El índice de precios industriales. Cubre todos los pro­ductos industriales.
c) El índice de precios al consumidor. Es el más próximo a la vida cotidiana del consumidor. Se establece una “cesta de la compra” tipo. Comprende todos los sectores en los que existe gasto familiar: alimentación, vestido, calzado, ocio, vivienda, educación, sanidad, etc.
REMEDIOS.
Las políticas anti-inflacionistas son variadas: la política monetaria, fiscal, etc.
La política de precios. La política de precios ha experi­mentado un fuerte desarrollo a partir de los año 60 y hasta los 90, como ins­trumento esencial para el control de la inflación, y más aun porqué han fracasado relativamente las políticas de rentas para moderar las alzas salariales mediante acuerdos con los sindicatos. Los tres instrumentos principales son:
1) Re­glamentación del mercado, regulando las formas de compe­tencia y la formación de monopolios, y el control de la compe­tencia ex­tranjera.
2) Instrumentos de intervención indi­recta: actuación sobre la oferta y la demanda, mediante compras o ventas de un bien.
3) Ins­tru­men­tos de intervención directa: control de los precios de los servicios públicos (transporte, combustibles, electrici­dad, teléfono, agua, etc.).
Los tres medios esenciales son:
Control de precios. Es el más temporal, ineficaz a largo plazo, pues provoca una inflación reprimida y distorsiona la producción.
Subvenciones. Provoca un aumento de los impuestos y una inflación reprimida.
Desregulación y bajada de impuestos. Laffer y los teóricos llamados “thatcheristas” o “reaganistas” (por las políticas económicas de Thatcher y Reagan en el Reino Unido y en EE.UU. en el decenio de 1980) abogan por una desregulación de los pre­cios (lo que da libertad al mercado y reduce el gasto estatal) y una reducción de impuestos, lo que debería estimular la pro­ducción, con lo que se recaudaría más a largo plazo y se redu­cirían los precios. La realidad es que los efectos han sido negativos, con desigualdades sociales, aumento del paro y un gran aumento del déficit público, lo que ali­mentó la inflación y estancó la producción.

6. EL DESEMPLEO.
CONCEPTO.
El desempleo del trabajo (o paro) es la situación de ocio involun­ta­rio de la persona que busca ac­tivamente un empleo a los tipos de salarios actuales, pero no lo encuentra. Hay co­lectivos que se mueven entre el em­pleo y el desempleo: los de­sanimados (que ya no lo buscan), los subempleados (no traba­jan la jornada com­ple­ta que desearían), los activos marginales (realizan trabajos esporádi­cos cada se­mana).
En la UE rondaba en la década de los años 1990 el 11% de media, con 20 millo­nes de para­dos (4 mi­llones en Ale­ma­nia) y si­gue bajando pese a tasas posi­tivas de creci­miento. En España es su­pe­rior al 21%, con 3,5 millones de para­dos y mien­tras en 1995 los benefi­cios empresariales su­bieron un 12,9% el empleo cayó un 1,6% sobre 1994. Esto implica que sólo 12 millones de trabajadores deben finan­ciar a 7 millo­nes de pensionistas y ayuda a elevar el gas­to social al 24% del PIB, cuando hay un fuerte déficit presu­pues­tario.
CAUSAS.
La revolución tecnológica y la globalización de los merca­dos parece que aumentan el desempleo, junto a otros facto­res como la incorporación de la mujer al trabajo (y en España a la vuel­ta de dos millones de anteriores emigran­tes). Incluso con va­riables económicas favorables, el empleo apenas crece, y cuando lo hace es de forma precaria y transitoria.
Hay múltiples causas: costes salariales, eficacia del mer­cado de trabajo, situación económica, grado de competencia o monopolio, protec­ción del seguro de desempleo, paro tecnológi­co, falta de prepa­ración para los nuevos empleos, competitivi­dad de las empresas y de los países, apertura de los mercados mundiales, reequilibrio de la división mundial del trabajo...
CLASIFICACIÓN.
El desempleo puede adoptar varios tipos:
1) Friccional. Cuando la demanda de trabajo no está ajus­tada a su oferta debido a que los empresa­rios desconocen que hay trabajadores disponibles.
2) Estacional. Por las fluctuaciones es­tacionales de la de­man­da. La solución ideal es tener más de un empleo para ase­gurar el empleo continuo.
3) Estructural. Por los cambios en la estructura organiza­tiva, las técnicas de la industria y el sistema productivo o en la demanda de sus productos, lo que convierte en superfluos a algunos trabajadores.
4) General. Por una caída general de la demanda de traba­jo, originada, por ejemplo, por una reducción de la cantidad global de gasto del sistema económico. Esta situación puede originarse en los desajustes estructurales de la economía o puede introducirla el gobierno para evitar dificultades a la moneda debido a que los costes altos han reducido las exporta­ciones.
5) Cíclico. Se produce en la fase depresi­va de los ciclos económi­cos, sobre todo en los anteriores a la II Guerra Mun­dial. Keynes sostuvo que en estos periodos el gobierno debería sostener la demanda de trabajo manteniendo la oferta monetaria y el gasto por medio de unos tipos de interés bajos, reduccio­nes en los impuestos y la realización de obras públicas.
6) Institucional. Surge por las trabas a la movilidad del mercado de tra­bajo que impone la política pública y privada.
TEORÍAS.
Estudiamos cinco teorías: 1) Clásicos. 2) Keynesianos. 3) Teoría de las expectativas. 4) Teoría de la segmentación del mercado laboral y de los contratos implícitos. 5) Rif­kin.
1) Clásicos. El origen del paro está en el mercado labo­ral, por el desajuste del salario real respecto a la producti­vidad del trabajo. El paro es la respuesta de las empresas al aumento excesivo de salarios, debido a la productividad margi­nal del trabajo. La solución es un sistema de salarios flexi­bles que permita su ajuste a la situación de la demanda. Tiene que haber movilidad funcional y geográfica.
2) Keynesianos. El nivel de paro no depende del nivel de salarios, sino de la demanda. La solución es aumentar la deman­da de consumo para estimular la producción (lo que implica más demanda de trabajo).
3) Teoría de las expectativas. Las expectativas de la fu­tura inflación hacen aumentar los salarios, lo que reduce el empleo. Habrá un paro “natural”, un mínimo que no variará.
4) Teoría de la segmentación del mercado laboral y de los contratos implícitos. Hay una segmentación del mercado laboral, dividido en grupos con capacidades y poderes distintos. Los más preparados (que hacen trabajos especiales en la empresa) serán mantenidos en las empresas en momentos de de­bilidad de la de­manda, porque se prevé un auge en el futuro y que el coste de instruir nuevo personal será mayor que el coste de mantener el personal. La teoría de los contratos implícitos supone que los trabajadores prefieran estar desempleados temporalmente antes que reducir sus salarios, gracias a los empleos temporales, las suspensiones temporales de empleo y el seguro de desempleo.
5) Jeremy Rifkin, sociólogo, autor de The end of work, estu­dia las transformaciones sociales de la Revolución Comuni­cati­va, que transforma por completo lo que fue la Revolución Indus­trial. Se produce una dismi­nución extraordinaria de la canti­dad disponi­ble de puestos de trabajo debido a las mejoras en la pro­ductividad. No habrá jamás plena ocupación y esta será tem­po­ral o a tiempo parcial, con una dicotomía entre las profe­sio­nes de alta prepa­ración (y remuneración) y las de baja cua­li­fi­ca­ción profe­sional. Así pues, habrá una creciente di­vi­sión so­cial.

EFECTOS.
MEDICIÓN.
La medición es muy difícil y controvertida. Según los cri­terios, puede cambiar radicalmente la estadística de parados. La más fiable parece la Encuesta de Población Activa (EPA), que entiende como población activa toda la disponible y mide como parada la población que está disponible y busca em­pleo. El pa­ro no medido corresponde a los colectivos de desanimados, su­bem­pleados, activos marginales, temporeros...
REMEDIOS.
El reto del empleo. La sociedad (encuestas, programas po­líti­cos, manifestaciones del 1 de Mayo, etc.), entiende que el em­pleo es un bien escaso, cada vez más precario y de difícil ob­tención para la masa potencial de asalariados que pugnan por entrar en el mercado de trabajo. En Europa y en España los sin­dicatos han dado en los últimos tiempos pruebas inequívocas de responsabilidad ante este complejo escenario, como prueban los numerosos pactos por el empleo que se han firmado entre sindi­catos y patronales, con acuerdos sobre movilidad regional y funcional, modificación de condiciones de trabajo, facilitación de despidos colectivos, flexibilización de horarios y horas ex­traordinarias, disminución de costes salariales, etc.
Para solucionarlo la doctrina económica se divide en dos grandes alternativas: a) mantener el crecimiento eco­nómico, b) las reformas económicas intervencionis­tas o neoli­be­rales (fo­mento de las PYME, reparto del empleo, reduc­ción de la jor­nada laboral, reducción de las cotizaciones so­ciales, refor­ma disua­soria del seguro de desempleo, formación laboral...).
Las soluciones más usadas son:
Política fiscal. Una disminución del impuesto sobre la renta y sobre beneficios de las empresas, así como de las car­gas sociales (Seguridad Social), reduce la presión sobre los salarios y el coste empresarial de emplear personas antes que invertir en bienes de capital. Puede haber una exención o una bonificación fiscal a las empresas nuevas (pero resulta discri­minatorio para las empresas anteriores).
Bajos salarios mínimos. Esto reduce la resistencia de las empresas a crear trabajos para jóvenes poco preparados.
Subvenciones a contratos de trabajo. En España se da una subvención fiscal de 1 millón de pesetas a quienes crean un puesto de trabajo.
Creación de empleo por el Estado. Es factible si no cuesta más que mantenerlo en el paro con un subsidio.
Aumento de la demanda privada. Se consigue reduciendo los tipos de interés para el consumo y reduciendo los impuestos indirectos de consumo. Pero puede derivar en un aumento de las importaciones y no en un aumento de la producción.
Favorecer sectores intensivos en trabajo. El más importan­te es el de la construcción, con una elevada intensidad de em­pleo y poca participación de importaciones.
Reparto del trabajo. El socialista francés Michel Rocard propuso un acuerdo general de reducción de horarios de trabajo hasta las 30 horas semanales y eliminación de horas extraordi­na­rias, para repartir el trabajo entre los desemplea­dos, lo que se compensaría con reducciones de sa­larios y la mejora en la productividad. Las críticas a esta medida son ex­cesivas: se criticó en el pasado la producción en serie con el argumento de que destruía empleo, pero al final creó más.
Formación profesional permanente. Hoy, las nuevas tecno­lo­gías destruyen empleos obsole­tos, pero crean otros nue­vos. Re­quisito para que esto suceda es que los traba­jadores se adap­ten a la demanda de nuevos empleos, median­te la formación pro­fesio­nal permanente. Urge tomar medi­das con­ducentes a esta adapta­ción, porque sumirse en añoranzas de se­guridades basadas en rígidas normas legales sólo retra­sa la inevitable adap­tación a un mundo que ha derribado las barreras proteccio­nis­tas.

Recetas contra el paro del Grupo de los Ocho (1998).
El Grupo de los Ocho (países más industrializados más Ru­sia), propuso el 22-II-1998 un recetario   de consenso neoliberal/intervencionista contra el desempleo:
- Políticas macroeconómicas sólidas, con mayor inversión pública y contención de la inflación y del déficit y deuda pú­blicos.
- Reformas estructurales de los mercados: laboral, de capi­tal y de mercancías.
- Creación de un ambiente favorable a la creación de pe­queñas y medianas empresas y al florecimiento de iniciativas empresariales.
- Impulso del empleo, la educación y la capacitación para los jóvenes, parados de larga duración, padres solte­ros, madres solteras, y discapacitados. Hay que mejorar el acceso al capital riesgo.
- Reforma de los sistemas fiscales y de protección social para alentar el empleo, y no el acomodo en el seguro de desem­pleo (el parado debe buscar activamente un puesto de trabajo).
- Fomento del aprendizaje permanente. Los cambios tecnoló­gicos obligan a toda la población laboral a una vida de cons­tante formación.
- Promoción de la igualdad de oportunidades y lucha contra la discriminación.

La teoría crítica de John Gray.
El ensayista conservador John Gray su­braya las “consecuencias no intencionadas” de las políticas económi­cas neoliberales, que han privatizado esferas antes reservadas al Estado, como la Administración, la educación y la sanidad públicas. De este modo han vulnerado el ethos de las institu­ciones públicas, sustituyendo los círculos de democracia local, por unos círculos de “instituciones irresponsables”, los comi­tés (semi-estatales) que controlan las nuevas empresas privadas que ejercen las com­petencias ex-públicas. De este modo, el neo­liberalismo ha debilitado su propia base sociológica e ideoló­gica, perjudicando a largo plazo a las clases sociales que bus­caba favorecer a corto plazo.

APÉNDICES. Textos propuestos para comentarios en clase.
Olivares, Miguel. Entrevista: Dale Jorgenson, catedrático de la universidad de Harvard: “Europa debe enfatizar el impulso de la productividad”.  El teórico de la nueva economía insta a una pronta liberalización de los servicios en la UE. “El País” Negocios (4-VI-2006) 13.
Dale Jorgenson (Montana, 1933) es uno de los grandes teóricos de la nueva economía, del valor de la productividad, del peso de las nuevas tecnologías de la información en el crecimiento económico y de la aparente desaparición de los históricos ciclos expansivos y recesivos. Jorgenson es catedrático de la Universidad Samuel W. Morris (Universidad de Harvard), donde trabaja desde 1969.
Experto en economía y estadística, Jorgenson constata que el crecimiento sostenido de la economía de Estados Unidos desde 1990, una pauta que se mantiene en la actualidad y que pasó por encima del tremendo impacto de los atentados del 11-S de 2001, es fruto del increíble avance de las nuevas tecnologías de la información. “En los sesenta, viajar desde Nueva York a Madrid costaba siete horas y 500 dólares”, ilustra, “si la tecnología aérea hubiera evolucionado desde entonces al mismo ritmo que la informática, hoy el mismo viaje duraría un segundo y costaría un centavo”.
La Unión Europea, sin embargo, no ha sido capaz de mantener el paso. La productividad en Europa está a la baja desde 1990. Irlanda o Finlandia constituyen casos aislados, según el experto, que insta a una liberalización de los servicios en el Viejo Continente, esencialmente financieros y comerciales. “La mitad del crecimiento económico en Estados Unidos desde 1995 es atribuible a la inversión en tecnologías de la información (TIC)”, sentencia.
Jorgenson estuvo hace unos días en Valencia en una jornada técnica del programa EU Klems, un proyecto que impulsa la Unión Europea para medir el impacto económico de las TIC.
Pregunta. ¿Microsoft ha pulverizado los ciclos económicos?
Respuesta. No ha sido Microsoft, ha sido Intel. La evolución de la informática es algo que se aprecia en la complejidad de la tecnología. El número de transistores, interruptores, que contiene cada chip informático ha crecido de forma exponencial. Cuando se empezó a desarrollar esta tecnología, los chips contenían unos dos mil transistores, hoy albergan casi mil millones.
P. Pero los precios de los equipos informáticos bajan y bajan.
R. Los precios de los semiconductores han caído en torno a un 40% al año desde 1985 y esa caída se aceleró después de 1995 hasta un 60% al año. Los precios caen debido a la evolución tecnológica. Y la gran demanda, a su vez, favorecía una gran inversión, que impulsó todo el crecimiento económico en su conjunto.
P. ¿Cómo han alterado las TIC el modelo de crecimiento?
R. Se tiende a asociar el crecimiento económico a la capacidad de producción manufacturera, pero la revolución de las TIC ha desplazado el foco del crecimiento hacia los servicios y, en concreto, hacia los servicios financieros y comerciales. Ahí es donde se desarrolla la acción.
P. ¿Por qué la Unión Europea no se ha beneficiado de la misma forma de las TIC?
R. La gran diferencia entre Estados Unidos y Europa es que desde hace 200 años Estados Unidos tiene algo parecido a un mercado nacional en el que hay una intensa competencia comercial, de servicios, financiera, entre diferentes sectores, entre Nueva York, San Francisco, Chicago... En Europa la competencia es muy incompleta, como consecuencia los sectores de servicios crecen despacio, la productividad crece despacio y la inversión en TIC crece despacio.
P. Pero algunos países europeos son punteros en nuevas tecnologías y productividad...
R. Finlandia, Irlanda, el Reino Unido, Suecia y Dinamarca están muy avanzados, pero son países muy pequeños. Finlandia produce Nokia; Suecia, Ericsson. Eso revela la capacidad europea de producción de TIC, pero el problema es la escasa extensión de su uso. Los daneses disfrutan de servicios financieros muy avanzados, pero son muy pocos. Y el número de usuarios es capital.
P. ¿Es preciso actuar a escala continental?
R. Sí, la cuestión es si un solo país puede modificar su regulación interna, favorecer la competencia y lograr un impacto en el crecimiento de la colectividad, porque los países europeos son demasiado pequeños, incluso Alemania. Es clave impulsar políticas económicas que se puedan desarrollar a lo largo de toda Europa para abrir el mercado. La Unión Europea tiene todos los instrumentos que necesita, pero el análisis de los datos revela que hay que enfatizar el impulso de la productividad.
P. ¿Cómo?
R. El gran proyecto europeo, diseñado como la integración comercial en un gran mercado único que compita con el estadounidense, ha sido muy exitoso en cuanto al comercio de artículos de consumo o de equipamiento industrial, pero en el sector servicios apenas se mueve. La directiva Bolkenstein, que planteaba la posibilidad de ofrecer servicios en cualquier país europeo siempre que se cumpliera la legislación del país de origen, iba en la buena dirección pero, desafortunadamente, no prosperó y la competencia sigue siendo escasa.
P. ¿Qué importancia tiene la formación?
R. Es clave. La competitividad reside en la redistribución del trabajo y la reasignación de tareas. Los trabajadores formados son más competitivos y capaces de ampliar sus posibilidades de ocupación. La velocidad del progreso en nuevas tecnologías hace que sea clave la capacidad para adaptarse rápidamente a los cambios y por eso es crítica la formación hasta los niveles más elevados.
P. ¿Es el capital humano la mejor inversión?
R. La inversión en capital humano es esencial para disponer de la infraestructura. La disponibilidad de capital humano es esencial para extender el uso de las TIC. Pero el capital humano se desarrolla muy, muy despacio. Una persona pasa treinta años formándose y otros cuarenta produciendo. Por cierto, los nuevos países incorporados a la Unión Europea acumulan un capital humano muy alto.
P. ¿Cómo han asumido las TIC países como China o la India?
R. La productividad en China o la India está muy por debajo de los países occidentales, pero están acercándose muy deprisa porque han diseñado su propia vía en dos países entre cuyas fronteras viven 1.000 millones de personas.
P. ¿Tiene la India más futuro que China?
R. No creo. La inversión en China es mayor que en la India y la inversión en nuevas tecnologías en China es tres o cuatro veces superior en proporción. La India ha desarrollado una industria de servicios TIC para la exportación con mucho éxito, pero el consumo interno de TIC sigue siendo bajísimo. Esa industria de servicios es un segmento muy estrecho de la economía doméstica india y, por lo tanto, casi irrelevante. En cuanto a las TIC, la India sigue en la Edad Media y muy por debajo de China.

FUENTES.
Internet.

Blogs.
OP UD 68. Organización económica y mundo del trabajo. La inflación, el desempleo y la política monetaria.* [https://iessonferrerdgh1e07.blogspot.com/2012/01/ud-68-organizacion-economica-y-mundo.html]

Libros.
AA.VV. Enciclopedia práctica de eco­nomía. Orbis. Barcelona. 1988. 20 vols.
Keynes, J.M.; et al. Crítica de la economía clásica. Ariel. Barcelona. 1969 (1964 inglés). 239 pp.
Mochón, F. Inflación y paro. Pirámide. Madrid. 1983. 136 pp.
Tamames, R. Fundamentos de Estructura Económica. Alianza. Madrid. 1989. 160 pp.

Noticias. Orden cronológico.

De Miguel, Rafa. La semana de cuatro días triunfa en el Reino Unido. “El País” (22-II-2023). La solución es trabajar un 80% (esto es, un día libre más) y cobrar y producir el 100%, eliminando reuniones y actos inútiles y con más implicación.


Análisis y opinión. Artículos en orden alfabético.
Otero, Miguel. Tulipanes digitales y el espectro de la inflación. “El País” (5-III-2021). El bitcoin y las otras criptomonedas son fomentadas por la desconfianza ante la inflación y en el poder político.

Sánchez, Álvaro. Así afectan o benefician las subidas de precios. “El País” (1-IV-2022). El impacto de la inflación en hogares, funcionarios y pensionistas, empresas y autónomos, por sus efectos en la deuda, las compraventas, los gastos, los ingresos, los beneficios…